viernes, julio 28, 2006

El Fin de la Eternidad


Este post es un análisis del libro “El Fin de la Eternidad” de Isaac Asimov. El artículo contiene datos y elementos que desvelan el argumento del libro. Si el lector prefiere no encontrar pistas, recomiendo que lea primero el libro.



SINOPSIS:

Andrew Harlan ocupa el cargo de ejecutor dentro de una organización conocida como la Eternidad que existe más allá del tiempo. Su trabajo consiste en ayudar en el cálculo de posibilidades para realizar cambios en el tiempo y también llevarlos a la práctica. La pertenencia a la Eternidad le protege de esos cambios y su status dentro de la organización es inmejorable. Puede modificar el tiempo y ser el único consciente de tales alteraciones. Un día, sin embargo, recibirá un encargo especial que le llevará a conocer a una mujer que cambiará su forma de entender el presente y sus relaciones con la organización se verán comprometidas.
El libro narra los últimos días de la Eternidad, la asociación que controla el destino de la humanidad y el tiempo.


INTRODUCCIÓN

Probablemente, esta novela sea una de las primeras historias de viajes en el tiempo que se hayan escrito donde existe una auténtica y sincera preocupación por cohesionar la historia y no caer en paradojas temporales, tan habituales en el subgénero. La solución de Asimov no es la única, pero dedica un esfuerzo considerable de líneas y párrafos para concretar con el lector una serie de reglas de juego que den sentido a la historia. Explica la vida de los Eternos en comparación con el resto de humanos y propone ejemplos de “causa efecto” posibles para detallar las posibilidades de la historia.

Uno de los puntos más interesantes que debemos comprender de la historia es que parte del supuesto de una paradoja temporal que ha sucedido previamente y que, de forma lógica, se perpetua en el futuro. Harlan será uno de los participantes en esa paradoja, junto con el resto de personajes que se relacionen con él. Algunos lectores aseguran que el libro podría ser una crítica al subgénero de ciencia ficción relacionado con viajes en el tiempo; bajo mi punto de vista no lo creo así. La historia juega sus mejores momentos buscando cerrar ese círculo de paradoja temporal y se convierte, a ratos, en una novela de misterio. El círculo se cerrará o no, dependiendo de las decisiones del protagonista y el clímax de la novela aparecerá hacia el final, cuando todo parezca indicar que la realidad no puede existir y, aún así, lo hace.


LA NARRATIVA

La historia se empieza a explicar desde la mitad. Las primeras descripciones coinciden con casi el final de la parte romántica donde se nos explica que Harlan está haciendo algo ilegal. A continuación, Asimov nos detalla los motivos y retomamos de nuevo la historia hacia la mitad, camino al desenlace final. El tema del libro no se hará evidente hasta la parte final, durante las últimas diez páginas.

Desde el punto de vista de la ciencia ficción, esta novela constituye una aproximación a lo que se conoce como la temática de viajes en el tiempo y paradojas temporales. Aunque pueda parecer obvio, esta temática resulta compleja y conduce a errores fácilmente. Escrita en 1952, Asimov consigue un buen grado de cohesión en la historia y se entretiene en explicar, bien en la narración o bien en boca de los personajes, algunos de los pilares o bases que sustentan su historia.


EL TEMA
Durante la primera parte del libro, carecemos de un tema explícito y podemos imaginarnos que el tema de libro tiene que ver con el destino, la fatalidad o la lucha de los dioses (eternos) por controlar el mundo a su libre antojo. La Eternidad siempre se muestra ante el espectador como algo natural, pero no por ello un lector inteligente pierde de vista el hecho de que lo que hacen está mal. La frialdad del narrador omnisciente cuando aborda ciertos aspectos también ayuda a que mostremos cierto espíritu crítico. No obstante, el libre albedrío y el destino no son, en esencia, un elemento completo, sino una de las partes de la historia.

El tema, sin lugar a dudas, los aclara el autor en boca del personaje de Nöys en el último momento. Asimov nos explica, de manera contundente y apocalíptica, que es en la dificultad cuando la raza humana es más fuerte y crece. El trabajo de la Eternidad y su intento de interferir constantemente en el desarrollo de la humanidad convierte a las personas y sus civilizaciones en culturas mediocres, lentas y atrasadas. Los errores, según nos explica el libro, son la manera de mejorar y alcanzar metas más altas. Sin equivocaciones no puede haber triunfo, sin fracaso no puede existir el acierto. Son caras de la misma moneda y cualquier intento por hacer el camino fácil, frenará y comprometerá a la especie humana. La lucha de la Eternidad por interferir en los aspectos más dudosos de las sociedades, son palos en las ruedas para el avance de esa sociedad, porque se les impide aprender de los errores.

El libro, de forma indirecta, también plantea críticas a aquellos que pretenden dirigir a la sociedad protegiendo a los ciudadanos de ellos mismos. Emana cierto reproche contra el sobreproteccionismo de las gobiernos o instituciones, encarnadas en el libro por la Eternidad y Twissell.


Noys dijo:
—Al impedir los fracasos de la Realidad, la Eternidad también impide el logro de los triunfos. Sólo haciendo frente a las grandes pruebas puede la Humanidad elevarse a nuevas y mayores alturas. Del peligro y de la aventura han salido siempre las fuerzas que han llevado al Hombre a nuevas y más grandes conquistas. ¿No lo entiendes? ¿No comprendes que al impedir las miserias y fracasos que torturan al Hombre, la Eternidad no le deja encontrar sus propias soluciones, difíciles pero provechosas, las soluciones verdaderas que se obtienen al vencer las dificultades, no al evitarlas?
Harlan trató de convencerla:
—Nosotros buscamos el Bien para el mayor número posible...
Noys le interrumpió:
—Supongamos que no se hubiese establecido la Eternidad.
—¿Qué sucedería?
—Puedo explicarte lo que habría sucedido.
Las energías que se consumieron en la Ingeniería Temporal se habrían dedicado a la ciencia Nuclear. La Eternidad no existiría, pero tendríamos el viaje interestelar. El ombre habría llegado a las estrellas unos cien mil siglos antes que en la Realidad actual. Las estrellas habrían estado aún inexploradas y la Humanidad habría conquistado la Galaxia. Habríamos sido los primeros.
—¿Y qué habríamos ganado? —insistió Harlan—. ¿Seríamos más felices?
—¿A quién te refieres? —dijo Noys—. El hombre no estaría solo en este mundo, sino en un millón de mundos. Tendríamos el infinito en nuestras manos. Cada mundo tendría su propio Tiempo, sus valores, la oportunidad de buscar la Felicidad a su manera y en su ambiente. Hay muchas clases de Felicidad, de Bien, una infinita variedad de propósitos. ¡Ése es el Estado básico de la Humanidad!

LOS PERSONAJES

Andrew Harlan

Harlan es un elegido y un privilegiado. De joven, fue sacado del flujo temporal para ingresar en la Eternidad, la sociedad que está por encima de los cambios temporales y que, precisamente, se dedica a provocarlos en nombre de la humanidad. Su interés por la historia le ayudará, sin saber bien por qué, para convertirse en ejecutor. Los ejecutores tienen una responsabilidad directa en los cambios del tiempo y, además, no gozan de buena fama en la Eternidad. Harlan crece infeliz y sin darse cuenta dentro de la Eternidad; y progresa en su trabajo porque es habilidoso en lo suyo. Una mujer cambiará su vida hasta el punto de enamorarse y cuestionar todo su trabajo y su propia vida. Constatará que el amor puede hacer que cambies radicalmente de opinión y te vuelvas en contra de todo en lo que antes creías firmemente. En algunos momentos, Harlan pasará de ser alguien respetado a un loco enamorado y celoso que se rebelará en contra de sus superiores y sus creencias para proteger a su amada Nöys.


El viaje del personaje constituye el cambio de opinión en su interior. Harlan personifica el camino que le conduce de ser un fiel adepto a un rebelde enternecedor, que luchará por lo que cree, a pesar de estar siendo manipulado por terceros. Resulta paradójico que Harlan siempre esté manipulado, ya bien sea por los Eternos o por el personaje de Nöys. Todos le utilizan para sus propios fines, aunque Asimov se encarga de dejar claro en la última escena del libro que la decisión es suya y que la toma por propia voluntad. El peso del destino de la humanidad recae en él y eso le abruma, como es natural, pero también somos testigos de que parece hacer lo correcto cuando llega el momento crucial.

En cierta manera, Harlan es el nuevo mesías que ayudará en la construcción de una humanidad alejada del control de la Eternidad y que dispondrá de un futuro, algo que no ha tenido antes. Tiene la oportunidad tanto de perpetuar la Eternidad como de destruirla y elige en función de sus creencias y su experiencia. Asimov deja bien claro que el destino del personaje está en sus manos y que toma libremente sus decisiones.


Nöys

Nöys será la amada de Harlan y personificará el otro lado de la moneda, el contrapunto a Twissell. Ella no es una humana cualquiera, ha venido del futuro, de más allá de la Eternidad para destruirla con la ayuda de Harlan. Su trabajo será manipular al protagonista o, siendo más suave, su misión será ofrecer a Harlan los datos suficientes para que decida, llegado el momento, si la Eternidad merece seguir existiendo.

Merece la pena recalcar que Asimov insiste en que ella ama a Harlan y que, de alguna forma, se aprovecha de eso para tentarle. Nöys simboliza a Eva, la primera mujer, que ofrece a Adán la manzana de la discordia que provocará la expulsión del paraíso. En esta ocasión no se trata de la expulsión del paraíso, sino la destrucción de una sociedad que no debiera de existir.


La Eternidad

Esta organización simboliza el sobreproteccionismo y la soberbia de la humanidad en el camino de protegerse a sí misma. Se nos presenta como una institución cruel, que está por encima del tiempo y también por encima del bien y del mal. Su nombre, ya de por sí, parece ostentoso porque no es cierto que sean eternos, también tienen límites.

La Eternidad se presenta ante el lector como una asociación con motivos más que dudosos y con un poder incalculable que destinan a un mal entendido servicio de la humanidad para protegerla de sí misma. Sólo la intervención de un grupo de humanos que lograron sobrevivir en una realidad paralela a la influencia de la Eternidad y que poseen un código ético más sensible, consigue destruirla con la ayuda de Harlan, dando título al libro: El Fin de la Eternidad.


CONCLUSIÓN

Se trata de un libro ameno, entretenido y que mejora conforme la lectura va avanzando. Durante la mitad, la acción sufre un pequeño bajón, pero superado ese bache llega la parte más interesante y que acaba enganchando al lector.

La novela se entretiene en algunos momentos explicando los conceptos que serán importantes tener en cuenta para comprender el universo que construye Asimov. No son, en muchos casos, imprescindibles para la comprensión del final, pero ayudan dotando a la historia de una base más sólida. El autor logra superar los continuos problemas de coherencia que tienen las novelas basadas en cambios temporales. Lo hace de forma tan simple que, terminada la lectura, tenemos una sensación agradable de cohesión interna y comprensión de los hechos.

El tema no es denso, aunque tampoco difícil de comprender. Aparece de forma gradual y, lo que un principio nos parece una historia simple, se acaba convirtiendo en una historia simple con mensaje. Se hace justicia y el final, por extraño que parezca, nos deja una sensación agradable, más dulce de lo que pensamos en algún momento de la lectura. Si lo reflexionamos, Harlan termina por destruir una sociedad entera en el futuro para, con la base de lo que resta, ayudar en la construcción de una nueva y más libre. El pasado al servicio del futuro, de un futuro mejor y el fin de una tiranía eterna.
Este enlace contiene un artículo más amplio:

sábado, julio 22, 2006

Grandes Villanos VI: Dr. Moriarty


Se dice que Sir Arthur Conan Doyle, creador del más famoso de todos los detectives privados del mundo, acabó cansado de escribir siempre alrededor de la figura de Holmes. No resulta difícil de entender que, como cualquier escritor de la época, deseara explorar otras muchas facetas de la literatura, pero sus fans no estaban interesados en que abandonara a su personaje más idolatrado. Un buen día decidió matarlo ¿Cómo te deshaces del más aclamado e inteligente de todos los detectives del mundo?

La primera idea que me viene a la cabeza sería que resbalara de la ducha; fácil y limpio. Aunque con toda seguridad, ni sería un final digno, ni un editor se atrevería a publicarlo. La solución de Sir Arthur fue algo más coherente, pero igual de simple que el resbalón; crear un igual al héroe capaz de derrotarle. El planteamiento del escritor se basa en un acto que, aunque no dudo que fuera reflexionado, denota algo de desesperación. Por un lado, necesitaba argumentar con precisión que la muerte de Holmes servía a un propósito y, en segundo lugar, le apremiaba la necesidad de que el honor del personaje se mantuviese intacto. De esa necesidad, surgió el Doctor Moriarty, enemigo acérrimo del detective y, según el propio Holmes, la mente más brillante después de él. En el libro, ambos se enfrentan cerca de las Cataratas de Reichenbach y mueren despeñados. El sacrificio de Holmes adquiere un sentido y le dignifica al mismo tiempo.

No es mi deseo entrar a juzgar las decisiones de Sir Arthur, simplemente necesitaba constatar el hecho de que a Holmes nunca le hizo falta Moriarty para alcanzar el éxito y, paradojas del destino, se le hizo indispensable para dar fin al héroe. Para la posteridad, su nombre va tan o más unido que el de Watson a la fama del detective. Puede parecer injusto y demuestra la fuerza que tiene un personaje antagónico dentro de la creación literaria. Sir Arthur no tenía la intención de robar protagonismo a sus personajes principales. Podría haber seguido narrando aventuras de Sherlock Holmes hasta su muerte y, tal vez, nadie hubiera echado de menos un villano a la altura del detective en esos libros.

Moriarty simboliza la inteligencia criminal. Hemos de tener en cuenta que hasta su aparición nadie es digno adversario para Sherlock Holmes. Los casos se suceden ante la voraz lectura de sus seguidores, sin que nadie eche de menos cierta dificultad añadida o, en su caso, un antagonista digno. Moriarty lo es y otros después de Doyle le acabarán usando como una herramienta para afianzar la leyenda de su personaje. Al amparo de la insistencia de sus lectores, Sir Arthur retomará las historias de Holmes antes de su encuentro con Moriarty y dará algo más de protagonismo al villano, pero no demasiado.

A Moriarty hemos de estudiarle a partir de su aparición en 1893. A diferencia de malvados anteriores al siglo veinte, Moriarty se nos presenta como un casi perfecto “gentleman”. Se le describe como una persona seria, apacible y con aire de reptil. También sabemos que cierto halo tétrico envuelve su presencia, no en vano es el dirigente de la mayor organización criminal de la época. Holmes dice de él que es “El Napoleón del Crimen” y como no dispone de fuerza bruta, tiene un lacayo a su servicio, el Coronel Sebastian Moran. No debiera extrañarnos teniendo en cuanta la época; hoy podemos pensar en grandes redes de extorsión que desarrollan complejas ramificaciones por el mundo; no obstante hace ciento quince años, la maraña que se describe Doyle en boca de Holmes resulta aterradora e impresionante. Hoy la mafia siciliana nos ha insensibilizado ante tales barbaridades. Por eso, precisamente, le llama Napoleón y la analogía no resulta casual: los ecos de la época napoleónica, que todavía recorrían las pesadillas de algunos británicos de finales de siglo, resultaba amenazador para los oídos británicos y golpeaba con fuerza para dotarle de un aspecto siniestro.

A pesar de todo lo dicho, todavía hay algo que sorprende en esa época y es la creación de alguien tan inteligente como personaje malvado. La inteligencia y, por otro lado, la flema británica hacía impensable que un matemático eminente y de prestigio como Moriarty – sí, es doctor en matemáticas – fuera alguien perverso y malvado. Insisto en que hoy no parece tan extraño; debemos situarnos en la ficción de finales del diecinueve. El choque de trenes que propone Sir Arthur Conan Doyle entre dos intelectos tan distintos y afines al mismo tiempo debió resultar irresistible para la época y, tal como pretendía el autor, el final digno que terminara con la vida de su personaje más aclamado.

Con el tiempo, el cine o la televisión se han encargado de enfatizar ese “archienemiguismo” con la intención de vender más y mejor los distintos productos que han ido saliendo y, como era de esperar, en mayor o menor medida han coqueteado con la enemistad entre Holmes y Moriarty. Han dado una impresión muy errónea de la verdad. El resultado ha sido retorcido en algunos casos, porque se ha enfatizado la figura de Moriarty, más de la que éste disfrutó en vida de su autor. En el lado positivo, la literatura dispone de un villano digno y respetado por el público – respetado en la idea de temido. En el lado negativo, tenemos culturalmente una idea poco veraz de la relación entre ambos personajes. A la larga, creo que ese ha sido un mal menor.

Personalmente, creo que Moriarty sobresale con valentía y descaro en dos libros que eclipsan la obra completa de Holmes ( “El Problema Final” y “El Valle del Miedo”), no desde el punto de vista literario sino del contenido. Resulta paradójico la voracidad del personaje, que sólo puede explicarse por la grandeza de Holmes. Me explico; construir un enemigo para un personaje tan amplio como Holmes, implica dignificar directa o indirectamente a su oponente. Por el hecho de situarlo a la altura de Holmes, adquiere ante la mirada del lector un status que no hubiera tenido de empezar al mismo tiempo. Así que Moriarty se aprovecha del éxito Holmes para irrumpir con fuerza y seriedad en la literatura de ficción. No olvidemos tampoco que si Holmes es el abuelo de las novelas de detectives y el precursor del género, Moriarty también lo es en su ámbito: la mente criminal del siglo.

Debemos aprender de Moriarty como malvado poco histriónico o estridente, que usa el recurso del que dispone para su propio beneficio personal. Es el precursor de una nueva era de maldad literaria en la que predomina la mente por encima de la fuerza para su provecho personal. ¡Quién sabe! Tal vez Moriarty fuera una avanzado a su época, aunque de lo que no me cabe duda, es que hoy hay muchos Moriartys en este mundo actuando de forma egoísta para su propio beneficio y pocos Holmes que puedan contenerlos.

sábado, julio 15, 2006

De Esta También Nos Levantaremos


El primer editor de Asimov le dijo que tardaría más de 10 proyectos en lograr publicar una historia en su revista. Con algo de suerte, sólo necesitó cinco intentos para que aquel hombre se comiera sus palabras. ¿Cómo lo logró? Simple. Observando la realidad.

Trabajando para una universidad tuvo acceso a un buen número de cartas en las que gente normal y corriente expresaban su malestar por el continuo avance de la ciencia en aquella época. Tenían miedo al progreso; los avances científicos les producían vértigo y una poderosa sensación de pérdida de control y degradación moral encendía sus temores más íntimos. El mundo avanzaba más rápido de lo que lo había hecho nunca y muchos parecían incapaces de aceptar el desafío de una realidad tan efímera y cambiante.

"Con el tiempo, cuando esta borrachera tecnológica termine, las aguas volverán a su cauce; como siempre ha sido y como debe ser"

"Me decepciona ver como la industria de Hollywood suple sus carencias y se vende por treinta monedas de plata, que es el valor de la factura de un estudio de animación digital"

Asimov escribió una historia corta que trataba de la obcecación de un científico trabajando para una sociedad incapaz de aceptar el avance de la ciencia y que rechazaba su trabajo. Al final, los frutos de este personaje calan tan hondo en la colectividad que vuelven a abrazar los esfuerzos y avances de la comunidad científica y a potenciarlos como parte de su cultura. Partiendo de un tema simple: el miedo al cambio; el escritor americano alcanza un objetivo ambicioso para cualquier escritor; alzarse como observador de una conducta humana y hablar de ella bajo un prisma personal en el trasfondo de una aventura imaginaria. La clave reside en que el tema elegido por el escritor era y es universal. Pudo aplicarse en mil novecientos treinta y ocho, como también pude aplicarse hoy en dos mil seis. No importa si se escribe en clave de ciencia ficción o novela realista; en ambos casos el tema trasciende la anécdota.

La ciencia ficción no es un reducto de consumidores que desean ver naves espaciales y batallas galácticas por encima de cualquier otro elemento. Tampoco es un género en el que los medios o recursos puedan superar al contenido que los autores van a mostrar. En otras palabras, la ciencia ficción no puede ser un disfraz que ayude a tapar las carencias de escritores o guionistas; aunque es precisamente eso lo que parece desde hace algunos años. Últimamente nos hemos visto obligados a soportar una batería de películas en las que los efectos especiales priman por encima de todo rastro de cordura o reflexión, y logran encandilar a aquellas personas que sólo desean distraerse viendo una película. No me parece preocupante, aunque admito que me decepciona ver como la industria de Hollywood suple sus carencias y se vende por treinta monedas de plata, que es el valor de la factura de un estudio de animación digital. Esas treinta monedas se rentabilizan con cierta facilidad y prima la ley del mínimo esfuerzo. ¿Quién nos lo iba a decir hace veinte años? Que los efectos especiales iba a ser lo más sencillo de producir.

Como decía antes; no me parece preocupante el fenómeno de los efectos especiales porque, con el tiempo, “volverán las historias a nuestros balcones su nidos a colgar”. Sospecho que es una mala racha, como sucede en todos los campos y como sucedió en la literatura de ciencia ficción americana durante los años cuarenta y cincuenta, que se llenó de naves espaciales y viajes en el tiempo. Pongamos dos ejemplos, cada uno en un extremo de la balanza. Tenemos “Matrix” en primer término; una película con contenido que hace un uso intensivo de la tecnología digital. Pongamos en el segundo extremo a “Van Helsing”, un bodrio de historia que no sólo insulta al personaje sino a los seguidores y lectores de literatura fantástica.

Matrix es un ejemplo del uso de la tecnología al servicio de una historia. No negaré que quizás sobreactúan algunas veces, pero existe una reflexión profunda alrededor de la historia; tan antigua como Platón o Calderón de la Barca, ¿La vida es sueño? Por otro lado tenemos “Van Helsing” ¿Alguien podría explicarme si quisieron decirnos algo con esa película? Yo creo que la hicieron simplemente para divertirse y ganar dinero; unos monstruos por aquí, dos efectos por allá y tenemos un taquillazo asegurado. Nada importó a los responsables de la película destrozar a un digno personaje de literatura fantástica. Ni siquiera pidieron perdón.

Por lo menos, hoy ya disponemos de la tecnología y esta cada vez será más y más barata y fácil de producir. Con el tiempo, cuando esta borrachera tecnológica termine, las aguas volverán a su cauce; como siempre ha sido y como debe ser. Volveremos a disponer de temas e historias interesantes bajo el prisma único y casi ilimitado de la ciencia ficción. Disfrutaremos de historias de amor, de terribles venganzas, de atroces injusticias y volveremos a iniciar la rueda en el mismo lugar donde la dejamos. Saldrán nuevos escritores con ideas nuevas y con un amplio bagaje que, como Asimov hace setenta años, percibirán un tema y dispondrán de los medios para hacer una presentación digna.


sábado, julio 08, 2006

Grandes Villanos V: El Fumador


“Puedes matar a un hombre, pero no puedes matar la idea que defiende. No sin antes doblegar su espíritu. Eso es algo hermoso de ver.” “Todo aquel que puede apaciguar la conciencia de un hombre, puede llevarse su libertad.”

El Fumador es el antagonista más reconocido de la serie de ficción “Expediente X”. Recibe este nombre porque siempre se le ve con un cigarrillo en las manos y rodeado de una espesa columna de humo. Dentro de la serie, constituye el personaje contrapuesto al héroe, Fox Mulder. Conoce y participa activamente en una conspiración para ocultar la existencia de vida extraterrestre y encubrir a un consorcio de intereses que van desde gobiernos a entidades privadas. Se trata de un hombre que no parece responder ante nadie y que es capaz de sacrificar, incluso su vida, para lograr sus intereses. Aquello que protege está por encima de él y todo lo demás.

Analizando el personaje dentro de la serie, el Fumador adquiere un protagonismo que se contrapone a su enemigo de forma natural. Mulder es un gran defensor de la verdad y cree en “La Verdad” como si de una religión se tratara. Este villano, en cambio, no sólo defiende lo contrario, sino que participa de forma activa y directa para que el protagonista de la serie no logre sus objetivos. No es que insinúe que le falte personalidad, al contrario; el Fumador se acaba convirtiendo en un personaje complejo y con algunos matices que detallaré, pero es innegable que Carter construyó este personaje a la medida de su héroe y para su héroe: Mulder. Tanto es así, que hay momentos en los que se insinúa y afirma que el padre biológico de Mulder es el Fumador para intensificar ese antagonismo.

¿Qué simboliza el Fumador? Se trata de una respuesta compleja. En primer lugar, la mentira, por contraposición a la verdad. El Fumador es un maestro en encubrir y manipular para lograr los objetivos que desea. Para ello tampoco duda en sacrificar a quien haga falta: gente inocente, miembros del gobierno o incluso a su propia familia. La segunda idea que simboliza el Fumador es el mito de fausto trabajado y presentado de una forma muy simple, pero efectiva a los ojos del espectador con el hábito de fumar. El Fumador ha vendido su alma al diablo y está corrompido hasta las entrañas. El humo del tabaco es su tarjeta de visita. En tercer y último lugar, el Fumador también simboliza la soberbia.

Hace unos años, la imagen que tenía de este personaje era la de un ajedrecista agresivo que jugaba una partida de forma brillante para proteger a su rey. Hoy no lo tengo tan claro, pero la imagen ayuda a entender que el Fumador juega para proteger algo y cualquiera que se acerque a su rey puede morir o salir herido. La idea que me confundí con la partida de ajedrez, es la falta de escrúpulos del Fumador. Una falta de escrúpulos que se combina con una telaraña de mentiras, tan numerosas como crueles en algunas ocasiones. No existe tal partida de ajedrez, porque el Fumador manipula las reglas a su antojo para lograr sus objetivos: encubrir la existencia de vida extraterrestre. No hay mentira pequeña, ni insignificante que no le ayude en ese objetivo y que, por tanto, no se atreva a usar. De todas formas, saldrá impune.

Muchas veces intento catalogar a los personajes malvados dentro de los siete pecados capitales. Los personajes malvados de ficción acostumbro a catalogarlos en tres campos: el primero suele ser un cóctel triple de ira-odio-venganza, el segundo, también muy típico, es el de la codicia. El tercero, mucho más complejo si se construye correctamente, constituye la soberbia. El Fumador representa un caso de soberbia puro y duro, porque es el celote que esconde y guarda una realidad que nadie puede ni debe conocer. Él no se ve a sí mismo como una víctima más de aquello que protege, sino como el guardián y protector de una causa que ha jurado defender. Existen aquellos que conocen la verdad, los que la desconocen y luego está él como el guardián de la mentira y apóstata de la sociedad que dice defender. El Fumador lleva mucho más allá la línea de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, hasta convertirla en un “todo por el pueblo porque yo hago que sea así”. Ejerce la depravación del patriotismo que denunciaba Wylde; sazonado con soberbia y orgullo.

El juego que practica dentro de la serie gira en torno a sus valores morales en contraposición a los valores que representa el héroe. Su encanto proviene de conocer las respuestas a unas preguntas que tanto los seguidores como los protagonistas de Expediente X buscan. No es extraño, por tanto, que algunos fans se hayan declarado enemigos; especialmente aquellos que ansían encontrar la verdad tanto como los protagonistas. El juego “héroe contra antagonista” se convierte en un trío que incluye al espectador, porque el Fumador es el último bastión de la verdad que tantas veces Mulder ha buscado en compañía de terceros. El Fumador es algo más que un villano al que se pretende derrotar. El espectador desea sonsacarle la información que precisa para una mejor comprensión de la mitología de Expediente X. Personalmente, me encantan las escenas de la serie en las que el Fumador hablaba con el Sindicato. Los guionistas solían darle frases interesantes que prolongaban la sensación de decir: “Aquí todos sabemos de lo que estamos hablando”; mientras el espectador aguardaba algo más.

Otro de los aspectos interesantes del personaje y que agudizan la sensación de soberbia, lo forman sus últimas intenciones. El Fumador disfruta de una vida miserable en la que su único objetivo es que el proyecto o la gran conspiración para la que ha trabajado toda su vida triunfe por encima de todo. No tiene remordimientos, ni sospecha que se ha equivocado de bando, porque le resulta irrelevante. Equivocado o acertado hay en él una determinación que sobrepasa los límites de la cordura y le confieren un carácter maligno y grotesco. Como decía antes, no sigue adelante por codicia, ni por ira, ni por venganza. Lo suyo es pura soberbia y orgullo. Cuando decide que hará una tarea, la llevará hasta el final, hasta sus últimas consecuencias y eso no le impide destrozar a su familia, a sus amigos o a la gente que le rodea.

Una de las preguntas más interesantes gira alrededor del cigarrillo y el tabaco. ¿Qué funcionalidad ejercen dentro de la serie y el personaje? Situemos las serie en 1994, donde todavía las leyes antitabaco no habían surgido con la fuerza que tienen en este siglo. Personalmente, opino que el tabaco simboliza la absoluta corrupción del personaje y también su podredumbre moral. Se trata de un hedor que le persigue y, a menudo en la serie, esto se simboliza con la colilla de un cigarrillo dentro de un cenicero. El Fumador ha estado allí y todos lo saben. Todos los malvados utilizan una marca para distanciarse. La serie Expediente X forjó un cambio en la manera de entender la televisión; dando protagonismo a personajes cultos e inteligentes, pero con los que al mismo tiempo cualquier espectador podía identificarse. Esta cotidianidad dentro de lo extraordinario relega al cigarrillo como un elemento fuera de la esfera, ya que se supone que una persona inteligente no debiera fumar. Sé que esta idea es discutible, pero no por ello deja de tener sentido. Sólo el Fumador, un hombre inteligente y malvado, sería adicto al tabaco y sucumbiría a tal adicción.

La fuerza del personaje no reside única y exclusivamente en su cigarrillo, ni en el hecho de que anteponga el proyecto a todo lo demás y mate sin reparos. El Fumador admira a aquellos que tienen tanta o más convicción que él y se insinúa en la serie que se ha enfrentado a este tipo de personas. No se trata de asesinar al hombre, sino también a la idea. El Fumador es consciente de que las convicciones son algo peligroso, para muestra él mismo. Su orgullo no le permite contentarse en disparar; debe destrozar la moral de aquél que represente la idea, hundirlo para, finalmente, liquidarlo sin que nadie le siga. Al menos, esa siempre ha sido su excusa para no matar a Mulder. En sus propias palabras: no basta con matar al hombre, primero se ha de doblegar su espíritu.

De las cualidades o rasgos más odiosos de este hombre, sospecho que el mayor es su insultante impunidad. Tiene que ver con la soberbia de que hablaba anteriormente, esa sensación que siempre muestra y que nos lleva a pensar que está por encima de la ley. Como buen malvado, esas pequeñeces le traen sin cuidado y no le rondan por la mente. Antes ya lo he comentado; existen las leyes, pero él no se siente obligado a cumplirlas. Son correctas para los demás; él se encuentra por encima.

¿Es un mártir tal vez? Esa es una pregunta que me ha carcomido durante bastante tiempo. El Fumador – esa es mi opinión – no se ve a sí mismo como alguien que se haya sacrificado, porque su trabajo lo ha hecho con convicción y los sacrificios le han parecido inevitables. En segundo lugar, no creo que haya soberbia en el martirio, sino más bien un odio o un miedo irrefrenable. Lo que sí me parece el Fumador es un fanático y un suicida de largo recorrido, alguien que ha ofrecido voluntariamente su vida para una causa dudosa y que le ha conducido a no tener que rendir cuentas a nadie. No personifica a un mártir porque al final del camino no obtendrá la redención y él lo sabe.

Existen muchas similitudes, sospecho que algunas por accidente, con un demonio: el humo del cigarrillo o las mentiras que acostumbra a decir, su impunidad etc. Hay una que no puedo resistirme a comentar, porque me resulta bastante llamativa. Se acostumbra a decir que la mayor hazaña del diablo consiste en haber convencido a la humanidad de que no existe. En el fondo, el Fumador hace lo mismo. Su trabajo consiste en tapar o cubrir la presencia de gente como él y, además, en maquillar la conspiración para la que han dedicado toda su vida. Así como muchos no creen el diablo, el Fumador logra que nadie crea en la conspiración que Mulder y Scully intentan destapar.

Admito que hay muchos paralelismos entre el diablo y el Fumador, aunque me resisto a creer que Carter o los guionistas que trabajaron en la serie quisieran ofrecernos esa imagen. Creo que buscaban un referente dentro de la conspiración que sirviera de faro en la cruzada en pos de la verdad que Mulder acometía y acabaron construyendo un personaje atípico y útil. De hecho, cuando la conspiración termina fracasando (más o menos) durante la sexta temporada, el Fumador desaparece de escena. Se trata de una prueba con fundamento de que el terceto Mulder/Fumador/Conspiración conformaban un eje bastante bien vertebrado. En el momento que cae la conspiración, le sigue el Fumador y Mulder en la octava temporada.

William B Davis, el actor que dio vida al Fumador, me parece que fue uno de los pocos que acabó por comprender la esencia de sus personaje y nos mostró un apoteósico final en el capítulo 7x15 titulado “En Ami” que él mismo escribió. En el episodio nos ofrece todas las virtudes del personaje y una moraleja triste y cruel. En ese capítulo vemos sus mentiras sin tapujos, constatamos su falta de escrúpulos y también su cara más manipuladora y seductora de serpiente. Tienta a Scully y no a Mulder, porque sabe las debilidades de ella y las usa a su favor con una maestría retorcida. Davis ofrece un final adecuado al personaje y demuestra que le comprende, cuando fuerza al Fumador a destruir una de las últimas pruebas de la conspiración y que, además, contiene la cura de su cáncer terminal. Davis sabe perfectamente que no hay redención para su personaje y que en su naturaleza está el ímpetu de destruir cualquier prueba de la conspiración, al precio que sea.

Me sabe mal no haber detallado más al personaje porque pretendía que los seguidores ocasionales de la serie pudieran comprender mejor al personaje. Espero poder escribir en el futuro algo más detallado y reflexivo. No será fácil.

domingo, julio 02, 2006

Reflexiones de la Primera Temporada Expediente X


El episodio piloto jugó al despiste con los espectadores días antes de emitirse y, bajo mi punto de vista, sólo sirvió para dar una publicidad que, a la larga, se demostraría innecesaria. Se anunciaba como si fuera una especie de documental, probablemente con la intención de atraer a un público con mentalidad más abierta y no sólo a los seguidores de ciencia ficción. Me gustaría recordar que el primer episodio se anuncia como si estuviera basado en hechos reales. Tal vez funcionara, pero demuestra – al menos esa es mi opinión – que escaseaba la confianza. Lo confirma, por ejemplo, el comentario que leí hace tiempo de Mark Snow (compositor de la música) en el que daba fe de la cara de asombro de los productores de la Fox cuando Carter y él mostraron la sintonía por primera vez. Aunque Carter se mostrara inflexible y se negara a negociar ese punto, meses más tarde los mismos temerosos lucían una sonrisa de confianza y repetían una y otra vez que nunca jamás habían dudado del éxito de la sintonía. Había reparos y pocas ganas de arriesgar, como suele suceder cuando te estás jugando dinero. La jugada para atraer más público fue poco elegante, pese a que consiguió su objetivo final. Se buscó a un espectador interesado en el fenómeno ovni o en la ciencia ficción, para servirle después una serie de misterio que a la larga dejaría el tema ovni, para centrarse en extraterrestres y conspiraciones para encubrirlo.

La cortina de humo que tejieron funcionó y durante los primeros episodios vimos como los agentes del FBI iniciaban un flirteo con ovnis y demás fenómenos casi extraterrestres. Por fortuna, Chris Carter tenía en mente una segunda fórmula para que no quedara todo en manos de platillos volantes y conspiraciones más allá de toda credibilidad. Siguiendo un formato extraño, poco visto y aunque no nuevo, la serie tomó dos líneas de desarrollo: la que continuaba la trama de la conspiración o mitología, y el resto de episodios en los que simplemente se debía investigar un caso. Estos últimos fueron conocidos como los episodios “del monstruo de la semana.” La serie estaba montada y definida sobre la base de un misterio que se debía investigar y descubrir. Ahora sólo faltaba apuntalar dos temas relevantes: guiones razonados y coherentes y, en segundo lugar, definir correctamente a los personajes dentro de las historias.

Con toda seguridad, los guiones tuvieron altos y bajos muy remarcables. Dentro de la primera temporada cohabitan algunos experimentos y desaciertos en medio de episodios memorables. Antes que nada, deseo dejar bien claro que opino que las historias se deben medir en función de unos parámetros temporales y espaciales. No podemos juzgar de la misma forma un guión de la primera temporada que de la sétima. Sería demasiado injusto. Muchas historias fueron concebidas, precisamente, para sentar las bases de la serie. Entre esos objetivos destacaba el hecho de instar a los espectadores a dudar entre lo que opinaba Mulder, como representante del lado más fantasioso y lo que opinaba Scully, como figura científica y persona más racional. Aunque no nos engañemos, el punto de vista que debía interesar al espectador y el lado que preferían la mayoría de historias era y fue el de Mulder.

Mulder es siempre un protagonista famélico en las historias. El espectador ve lo que está sucediendo y sabe quién tiene razón. No quiero extenderme demasiado en este aspecto porque podría ser un argumento para otro artículo. Baste remarcar que, ya desde un buen principio, Scully personifica la voz de la razón y del sentido común dentro de un cúmulo de historias que tienen poco de racional. En ese aspecto el personaje femenino sostiene a la temporada y actúa de faro para que los guionistas no se vayan demasiado al terreno de la fantasía y las historias y guiones se dejen atar.

Los buenos guiones de esta temporada forman parte, en su mayoría, de la mitología, aunque existen excepciones como el personaje de Tooms (Monstruo de la Semana) o el bicho del episodio #1x07 Hielo. El resto de monstruos no brillan tanto como en la segunda o tercera temporada. No hay que reprochar nada. Siempre he sostenido que las primeras temporadas de cualquier serie acostumbran a ser algo ingenuas, porque se acaban por decir o hacer cosas que a la larga, cuando mejores o peores historias han desfilado y los personajes se han hecho mayores de edad, sonrojan y lucen demasiado inocentes. Expediente X no es ninguna excepción. Demasiados capítulos tratan de antiguos conocidos, novios olvidados y ex compañeros de trabajo. Todo ello sazonado con algunos clichés que son un pretexto para los actores y guionistas, que buscan la forma de adaptar los personajes e ir sacándoles el brillo que se verá más adelante. Se intentaba establecer una química entre los dos compañeros de trabajo y el público. Opino que, eso por lo menos, sí se consigue en esta primera temporada. ¿Tanto para encandilar? Seguramente hoy, si se repitiera la fórmula, no estoy seguro de que funcionase. En 1993 sí que lo lograron.

Una de las claves de la popularidad, bajo mi punto de vista, fue no dar demasiada importancia a la conspiración y sí al monstruo de la semana. Las simplicidad de las historias de monstruos ayudó a que los espectadores digirieran mejor el contenido. Si se hubieran excedido en la complejidad de la conspiración, muchos espectadores habrían huido agotados, como a la larga sucedería con la serie a partir de la sexta temporada. La clave en esta temporada reside en que, aunque ingenuas, las historias malas se entienden perfectamente.

¿Cuáles fueron los motivos que hicieron de la serie un éxito? Como ya dije anteriormente, el trabajo de los guionistas y los actores con los personajes, probablemente sea el mayor responsable. Pocas veces antes, una serie había tenido dos únicos protagonistas principales, un hombre y una mujer. No al menos en series dramáticas. Un mal paso podía dar al traste la delgada línea entre el acierto y el traspiés. Con un creador y varios escritores, dos actores y dos protagonistas; las historias fueron parte de la clave, tanto la idea de la conspiración como las ganas de ver un misterio paranormal o de ciencia ficción. La pantalla nos mostró lo que verdaderamente había: una serie promesa (con muchos temas abiertos a la interpretación) en estado algo virgen y que se ceñía a los personajes y sacrificaba la acción a favor del misterio. La serie invitaba al espectador más inteligente y al más simple, sin necesidad de que se pudieran reprochar nada. Ambos tipos de espectador lograban sorprenderse y eso captaba la atención de un público de amplio espectro y muy heterogéneo. Los había que preferían el misterio, otros la conspiración, algunos la forma en que se explicaban las historias y muchos la manera en que cohabitaban de forma extraña misticismo e inteligencia.

La entrada de un personaje como “Garganta Profunda” ofrece una perspectiva única, aunque no tendrá demasiada continuidad más allá de esta temporada. El confidente de Mulder empieza a relacionarse con él antes que su enemigo, el Fumador, quien robará ese protagonismo para instaurar una especie de reinado como antagonista a partir de la segunda temporada. Una vez desaparecida la principal fuente de información, el trabajo del agente del FBI tendrá que ser más correoso y difícil. Garganta Profunda colabora en establecer un serie de guiños entre los personajes y los espectadores. Pero el peso del personaje en sí resulta poco profético y demasiado mesiánico porque dispone de todas las respuestas que no sólo Mulder busca, sino también el espectador. Estábamos a un simple comentario de saber la verdad y los guionistas se vieron forzados a eliminarle.

A diferencia de muchas historias de ciencia ficción donde el protagonista recibe los conocimientos o la información y sólo necesita pruebas. Mulder deberá buscar tanto las preguntas como las respuestas. El nivel de dificultad es enorme y forma parte del hilo argumental que se entrevé por encima de los episodios. Al espectador se le presenta una conspiración y un juego de episodios para intentar resolverla, como si fuera una puzzle a base de pequeños destellos cada semana. La intriga está servida y adornada con episodios fáciles y una promesa de misterio que se desarrollará, especialmente, a partir de la segunda y tercera temporada.

Los mejores episodios de la primera temporada tienen que ver la mitología de la serie. Destacaría principalmente estos:

1x01 Garganta Profunda (Conspiración)
1x02 Escurridizo (Monstruo de la Semana)
1x07 Hielo (Monstruo de la Semana)
1x09 Ángel Caído (Conspiración)
1x12 Más Allá del Mar (Monstruo de la Semana)
1x16 Ente Biológico Extraterrestre (Conspiración)
1x23 El Frasco de Erlenmeyer (Conspiración)


¿Qué tienen en común estos episodios para que destaquen? Son prototipos, por no decir estandartes, del tipo de guión que requiere la serie. Contienen suspense y un misterio interesante que hay que resolver en el que los personajes, Scully o Mulder, son llevados al límite. En segundo lugar, los personajes se desenvuelven con mucha naturalidad dentro del guión y se muestran coherentes y fieles ante los eventos. Mulder lucha por descubrir una verdad que desafía la lógica o que demuestra sus creencias, mientras que Scully intenta alumbrar la historia desde el punto de vista científico. Una última característica importante que tienen en común estos episodios es que disponen de dos tipos de finales, uno abierto para la historia y otro cerrado para los personajes. Como ejemplo, en el episodio 16 Mulder llega tarde al lugar donde está el extraterrestre y el episodio termina, aunque todos sabemos que tendrá otras oportunidades más adelante. El episodio concluye mal por norma, pero la historia siempre queda abierta.

Resumiendo, se trata de una temporada con dudas y algunas pruebas en las que se empieza a discernir el tipo de historias que irán cuajando durante el resto de la serie. Los personajes nacen bien definidos y lo interesante será ver el proceso de relación que establecen entre ellos y que forma uno de los pilares donde se sustenta el éxito de la serie. Abundan las historia de monstruos, en detrimento de la conspiración. La conspiración nace del fenómeno ovni y de las abducciones hasta engrosar la idea con extraterrestres y conspiraciones gubernamentales. Tal vez los guionistas tuvieron problemas en encajar a un personaje como Garganta Profunda y por eso frenaron la creación de guiones de la mitología. Lo mejor de la primera temporada fue la expectación que generó en un tipo de público muy variado, lo peor tal vez la ingenuidad de los comienzos y la prudencia del equipo de producción. Lo que es innegable es que la aparición de la serie supuso un hito en la historia de la ciencia ficción del que todavía se hablará durante años.